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Goetheanum

La necesidad creciente de algún tipo de edificio que sirviera como salón de conferencias, así como para proveer las facilidades necesarias para las producciones teatrales y la euritmia, se hizo pronto evidente. Los planes y esfuerzos por establecer este edificio en Munich fallaron, pero en septiembre de 1912 llegó el ofrecimiento de un sitio para edificar en Dornach, una aldea cerca de Basilea, Suiza, que Rudolf Steiner aceptó agradecido. Ese mismo mes se tomó la decisión de formar la Sociedad Antroposófica y de cortar todo lazo con la Sociedad Teosófica. Esto se completó y formalizó en enero de 1913. Estas decisiones fueron trascendentales para Steiner y sus asociados, en vista de las dos guerras calamitosas que seguirían, durante las cuales se preservó la neutralidad de Suiza.

Steiner mismo se hizo cargo de diseñar edificio y, en lugar de dibujar los planos, construyó un modelo grande.

La piedra fundamental del primer Goetheanum, que constaba de dos dodecaedros compenetrados, hechos de cobre, fue colocada el 20 de septiembre de 1913 y permaneció en el mismo lugar, con el mismo propósito, para el segundo Goetheanum, que se construyó, más adelante, en el mismo sitio.

Rudolf Steiner se asentó en Dornach el 1° de abril de 1914 y, ese mismo día, estando colocado totalmente el techo del Goetheanum, se celebró la ceremonia de "coronación" del edificio. Ahora comenzaría el trabajo de transformar esta obra arquitectónica en una verdadera obra de arte.

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, el trabajo continuó normalmente: los albañiles, talladores, artistas y pintores, reunidos de no menos de diecisiete países, podían oir el estruendo de los disparos de la cercana Alsacia.

Desde que surgió el impulso de construir un edificio, que facilitaría el progreso tanto en las artes como en las ciencias, desde una base científico - espiritual, se consideró que el nuevo edificio debería incorporar esta dualidad de un modo artístico. Y, en consecuencia, así lo diseñó Rudolf Steiner como una construcción de dos cilindros entrecruzados, uno más pequeño que el otro, cubiertos por domos hemisféricos techados con pizarra noruega, con suficiente espacio como para acomodar un auditorio de mil personas.

Las pizarras gris verdosas, que se utilizaron en la Casa de Vidrio y en otras edificaciones, brillaban en los días de sol y relucían en los días mojados.

El edificio se construyó totalmente de siete maderas distintas, a saber: fresno, roble, olmo, carpe, cerezo, arce y abedul, erigiéndose toda la estructura sobre un plinto de hormigón. El resultado, que en muchos aspectos recordaba a un violín, fue una colosal obra de arte. Sus paredes de madera estaban totalmente adornadas con tallas, también estaban talladas, con diseños ornamentales, las columnas de madera con sus capiteles y bases, así como los arquitrabes y los marcos de las puertas y las ventanas. A fin de lograr bloques de madera que fueran lo bastante grandes para tallar, se encolaban juntas planchas gruesas que tuvieran suficiente firmeza como para resistir los fuertes golpes del mazo en el cincel.

La característica sobresaliente, en la decoración interior, era el principio de la metamorfosis que se evidenciaba en todas partes. Este principio, que actúa constantemente en los mundos espirituales y en los procesos vivos de la naturaleza, constituía aquí un recordatorio permanente del trabajo investigado, tan ardientemente, por Goethe, en honor de quien fue nombrado el edificio. (Foto Johann Wolfgang von Goethe)

Los vitrales, grabados y pulidos, como para formar radiantes cuadros luminosos, y las pinturas, en los techos de ambas cúpulas, aumentaban la impresión sobrecogedora e invitaban al goce estético. Todo el edificio estaba diseñado como un marco totalmente adecuado para desarrollar actividades artísticas, en la forma de música, drama y euritmia, así como la palabra hablaba, estando el escenario ubicado en el punto de intersección entre los dos domos y, justamente, encima de la "piedra fundamental".

El exterior era igualmente atractivo y la intención general era que no debía haber edificio más evocativo que éste del espíritu trabajando en la materia. En este caso, el espíritu se había implantado en la madera como medio, a través del trabajo devoto de gran cantidad de talladores de madera, venidos de muchas naciones.

Extracto de

Rudolf Steiner. Vida y Obra. Una biografía ilustrada.

de Gilbert Childs

Editorial Antroposófica

Buenos Aires - Argentina