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El trabajo y su doble >

Michel Joseph

Etimológicamente, la palabra trabajo procede de "tripalium" o " trepalium", que en latín designaba a un instrumento de tortura formado por tres ("tri") pies ("palium") utilizados para sujetar e inmovilizar a algunos animales (en particular a los caballos para herrarlos). Esa imagen, de la que sólo se ha retenido la cualidad penosa y obligatoria que da el trabajo, merece ser contemplada en su totalidad, pues se revela de una manera extra-ordinariamente elocuente. De entrada, indica algo que está inmovilizado. ¿De qué puede tratarse? La alusión al buey, al toro o al caballo nos recuerdan que en los antiguos mitos esto animales representaban la fuerza bruta animal, el mundo de los instintos naturales. Por el trabajo el hombre se ve obligado a "inmovilizar" la parte instintiva de su ser, lo que confirma lo que ya habíamos descrito en otro artículo respecto a la relación entre el trabajo y la "caída original" (ver Taller de Conciencia Nº 9). El instinto primitivo, una vez reprimido, una vez rechazado, se convierte en invento, técnica, arte, industria. Perdiendo ese instinto el hombre crea en él la facultad consciente de la inteligencia, de la razón. Este es el significado pleno de la antigua imagen del caballo -su cuerpo expresa la energía y la fuerza en estado bruto, su cabeza por el contrario, la inteligencia- y más aún la del centauro, del sagitario, en la que se ve al hombre elevarse por encima de la animalidad y desarrollar su inteligencia en forma de habilidad, de destreza (la flecha y el arco), pero también adquirir la fuerza sabia del terapeuta (el centauro Quirón es el padre de la medicina y de la filosofía).

La tonalidad terapéutica que aparece en esas imágenes nos permite ir un poco más lejos. En efecto, si la Caída significaba para el hombre la pérdida de sus instintos naturales, ¿por qué todavía le resulta necesario refrenar sus instintos en cada proceso de trabajo? La respuesta es que la pérdida del paraíso sólo representa la pérdida de la armonía natural primitiva, es decir, de la sabiduría y de la clarividencia de los instintos, pero no de la fuerza instintiva. Al contrario, ésta subsiste tan imperiosa como en los animales, expresándose en forma de instinto, y es en ese sentido que el trabajo también puede convertirse en una terapia contra esas sombras.

¿De qué realidad fantasmal estamos hablando? Allí donde la sombra ha tomado el puesto de la realidad se entra en ese dominio particular que la antroposofía y la tradición oculta denominan "el doble". Se trata de un dominio que, por misterioso que sea, conocemos bien en nuestra vida cotidiana, ya que allí donde no actuamos a partir de nuestro ser auténtico, allí donde en acto, en palabra o en pensamiento expresamos algo sin ser nosotros mismos, allí donde acontece ese fenómeno -y la simple observación muestra que hay una legión de situaciones de ese tipo- en cada una de esas ocasiones es nuestra propia sombra quien se manifiesta, nuestro propio doble. La historia de la caída es precisamente la de la aparición del doble en el hombre, la de la serpiente obligada a comer el polvo. Incluso podríamos precisar que toda la historia de la tierra no sólo relata las etapas de la evolución de las especies y de la humanidad, sino también, y al mismo tiempo, las de la formación progresiva de los dobles. De la misma manera que la especie humana ha podido evolucionar y encarnarse cada vez más haciendo salir de ella los reinos mineral, vegetal y luego animal, también se ha ido "abarrotando" progresivamente de las sombras subsistentes de esas realidades que se habían ido separando de ella. A continuación ha tenido que confrontarse a esas realidades y a esas sombras: fue el proceso de desarrollo de las diferentes técnicas por reapropiación sucesiva de las cualidades de los reinos animal, vegetal y mineral de la que hablamos en los dos artículos precedentes (Taller de Conciencia Nº 9 y 10).

¿Pero de qué manera se manifiesta el doble en el trabajo? Hemos mostrado que se trata de la energía de los instintos sin sabiduría, también podríamos decir que se trata de la dinámica de situaciones antiguas sin su contenido. De alguna manera son formas vacías, automatismos, hábitos hereditarios que continúan actuando mecánicamente, las sombras vivas de un pasado concluido proyectadas en las situaciones vivas del presente. Actualmente, el doble se expresa muy especialmente en una triple búsqueda: la del placer y del sexo; la del beneficio y del dinero, y finalmente la del poder. La primera está relacionada con el miedo, la segunda con la duda, y la tercera con el odio.

En efecto, el miedo es el que impide reencontrar realmente al otro pues a través de él hay el riesgo de descubrirse, de verse a sí mismo. En el fondo ese miedo está alimentado por la mentira, el rechazo a mirar la realidad de cara. Nos aísla y quiere impedir que busquemos las verdaderas causas escondidas en nosotros. La huida hacia los placeres, hacia una sexualidad sin amor, son el signo de la influencia de ese miedo en nuestra civilización. Aquí se puede observar una primera ambivalencia del trabajo: a menudo está asociado a todo tipo de miedos ?el de salir de sí mismo, tener que afrontar a los otros, los jefes, el sistema- pero al mismo tiempo nos obliga precisamente a hacerlo, a entrar en las reglas de un juego codificado, a inmovilizar y dominar las ?sombras de los instintos?. Lo que se hace es el aprendizaje de la fraternidad, es decir, la percepción concreta de lo que liga las facultades de cada uno a las necesidades de toda una colectividad. Saber que el conjunto sólo funciona se cada persona encuentra su puesto adecuado y hace aquello que se espera de ella, he ahí un primer paso hacia la curación del miedo. Pero eso aún no es suficiente, pues a menudo rápidamente se instala una nueva rutina, es decir un dominio de formas vacías, de estructuras sin contenidos que tiene por efecto que ya no se miren las verdaderas realidades ni los seres reales. Esta rutina, a su vez, es una protección contra el miedo, es otra envoltura del doble, menos colectiva que la primera. Con ello no queremos decir que haya que rechazar los hábitos. Estos, en la medida en que entran en una dinámica de lo vivo, en un ritmo, son una preciosa ayuda para la encarnación y puesta en acción de las facultades individuales. No obstante dejan de ser benéficos cuando salen de su papel accesorio para convertirse en lo esencial. Tocamos aquí lo que se denomina por "poner el doble a su servicio", sujetarlo, pues si bien se puede inmovilizarlo por tiempos limitados, no es posible y sería vano querer eliminarlo totalmente.

El segundo paso, que permite no dejarse encerrar en una rutina estéril, consiste en utilizar las ocasiones de la vida cotidiana, las relaciones humanas profesionales con todas las fricciones y frustraciones que comportan, para situarse frente a lo verdadero y lo auténtico. Debemos reconocer que todos nuestros miedos provienen de una sola fuente: el pánico a afrontar nuestro propio doble. En ese sentido, el doble es propiamente el guardián que se sitúa delante del umbral de los misterios; es el medio más eficaz de proteger el mundo espiritual de intrusiones interpestivas sin la preparación necesaria. Osar confrontarse con la prueba del guardián, del doble, es cultivar la cualidad de veracidad en pensamientos, palabras y actos. Pero atención, ¡veracidad no quiere decir sentimiento de culpabilidad, ni tampoco indiferencia a las consecuencias o dejarse llevar! El bien es tan enemigo del defecto como del exceso. En las múltiples ocasiones de la vida profesional conviene pues plantearse, en una actitud serena y desapegada y con total veracidad, cuestiones como esta: ¿por qué trabajo? ¿Es porque "es necesario", por pasión del trabajo, o quizás para huir de algo? ¿Soy yo mismo en lo que hago, o cómo serlo más? ¿Estoy a la altura? ¿Qué imagen de mi intento transmitir a los demás? ¿Qué imagen me envían ellos de mí mismo? ¿Cuáles son mis barreras en apertura a los otros? ¿Intento percibir algo más que su doble? Estas cuestiones y una infinidad más -basta con que sean verdaderas preguntas, que surjan del preciso sentido de la verdad- no pueden evidentemente resolverse de una vez ni en un período de tiempo definido, pues el desarrollo es necesariamente progresivo. De hecho se trata de asentarlas progresivamente, de considerarlas de todas las maneras posibles en las realidades concreta. Entonces se percibirá, al cabo de algún tiempo de práctica, que el propio cuestionamiento debe pasar por una suerte de catarsis, y que poco a poco irá descendiendo de la cabeza pasando al corazón y los gestos. Podría describirse este proceso de descenso diciendo que llega un momento en que son nuestros propios actos los que llevan el cuestionamiento. Sin perder su indispensable precisión, rapidez y profesionalismo, estos actos abrirán en ellos un sitio para un cierto interés, para un tacto una escucha. Y al mismo tiempo, se tomará verdaderamente conciencia de que las palabras y los pensamientos son también actos, gestos y que también ahí se desarrolla esa posibilidad de apertura o de interés.

A estos dos primeros pasos que son la veracidad y la escucha activa se añade un tercero: la movilidad interior. Es una etapa decisiva que permite realmente trabajar sobre el doble poniendo en relación las imágenes surgidas de la observación cuestionante y de la escucha meditativa. ¿Qué es lo que en mi trabajo, en mi relación con los colegas, con la empresa, con su entorno viene hacia mí como una especie de respuesta a mis cuestiones "hay lazos -y pueden ser totalmente imprevistos- entre lo que sucede fuera de mí y lo que yo llevo en mí". ¿Puedo observar esas corrientes sutiles entre mis actos y las situaciones? Como vemos, este tipo de cuestiones, que también deben permanecer tan auténticas como las observaciones, necesita una visión más amplia de las cosas, una gran movilidad interior. De hecho ya son observaciones, y muy precisas, pues a veces permiten por un simple trabajo sobre sí mismo, por un simple gesto, modificar toda la atmósfera psíquica de un vasto entorno. Podría decirse que aquí se trabaja concretamente sobre el propio doble, sobre las sombras de los actos del pasado que han quedado aprisionadas, fijas en nosotros. Reencontrando en las imágenes del presente las resonancias que nos conducen a las del pasado, es posible imaginar y realizar nuevos actos cuya calidad tendrá el efecto de liberar lo que ha permanecido hechizado.

Además de esa nueva libertad, una nueva conciencia comienza a alborear. Lo que la caracteriza es una relación diferente entre el interior y el exterior: nada de lo que está fuera de mí me es verdaderamente ajeno. Percibiendo todos los tipos de resonancias o de corrientes espirituales de fuerzas, descubro por ejemplo lo que liga tal facultad y tal necesidad, las necesidades electivas entre una institución, una empresa, o un grupo humano y su entorno natural y social, toda la alquimia de las complejas relaciones de complementariedad o de oposición entre las facultades que son portadores los miembros de una comunidad, los lazos entre situaciones y acontecimientos muy diferentes. Esta percepción del aura etérica de los actos, esta apertura que se dirige hacia la economía espiritual, es lo que permite trabajar en hacer nacer las facultades aún en germen, o bien refinarlas y desarrollarlas. Un trabajo así sobre el doble representa el acceso consciente a la esfera de la fraternidad económica (ver el artículo sobre las facultades del hombre -Taller de Conciencia nº 10). En efecto, el instinto colectivo de los orígenes es el humus sobre el que surgen las facultades del individuo libre. Y cuando éstas actúan conscientemente en el seno de la esfera de la fraternidad de la economía, entonces contribuyen a crear casi una nueva alma: la colectiva de toda la humanidad, de la que cada individuo se convierte en representante consciente y responsable.

Pero el camino de curación no se detiene ahí. El trabajo sobre el doble pasa también por al duda y el odio -la confrontación con el beneficio y con el poder-, y ello puede conducir al verdadero encuentro con el otro y a la espiritualización de la cultura. Volveremos en otra ocasión sobre esos dos aspectos, verdaderas claves para el desarrollo y la realización de los ideales sociales de la igualdad jurídica y de la libertad de la cultura.

Traducción: Joan Melé

Revista Tournant Nº 42

Publicado en Taller de Conciencia Nº 11