Proyecto Hermes / Artículos / Autores varios / La meditación >




La meditación >

A raíz de la nota publicada en el diario "LA NACION" del domingo 14 de diciembre de 2003 se recopilaron los siguientes artículos que amplían los conceptos publicados.

(Transcripción total y textual del artículo aparecido en el diario "LA NACION" del domingo 14 de diciembre de 2003.)

Según recientes estudios científicos, la meditación reduce el estrés y mejora el sistema inmunológico. La indican para enfermos de sida y cáncer.

Científicos de tres universidades norteamericanas y del Conicet aportaron pruebas sólidas para confirmar que la meditación ayuda a contrarrestar los efectos del estrés, y mejorar el estado de ánimo y funcionamiento del sistema inmunológico.

Según estudiosos de las universidades de Massachussets y Wisconsin, meditar inhibe el funcionamiento de ciertas regiones del cerebro que son las responsables de las sensaciones de temor. Expertos de Harvard, por su parte, descubrieron que meditar periódicamente también disminuye la actividad de los circuitos neuronales asociados con las señales de alerta.

En la Argentina, una investigadora del Conicet encontró que las personas que recurrían a esta disciplina obtenían numerosos beneficios en materia de salud: disminuían la presión arteria, la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno.

Por eso, resulta cada vez más frecuente que, a pesar del escepticismo académico que despierta la meditación, los médicos no duden en indicar su práctica a pacientes con cáncer o sida para disminuir el dolor o para mitigar el desequilibrio que provocan afecciones como la depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo. Los especialistas asegura que, para obtener estos beneficios, basta con meditar de 8 a 15 minutos una o dos veces al día.

Nuevos estudios confirman sus efectos positivos sobre el organismo.

Meditación, un aliado contra el estrés. Investigadores norteamericanos y argentinos están develando cómo incide su práctica sobre el funcionamiento cerebral. Su ejercicio regular mejora el funcionamiento del sistema inmunológico. Ayuda a controlar la presión arterial y a reducir el ritmo cardíaco. También es útil para mitigar el dolor. Por Fabiola Czubaj. De la Redacción de "LA NACIÓN"

La sensación que produce una sesión de meditación, aún como observadora, es la de estar en medio de un oasis. En el mundo, cientos de miles de personas meditan por recomendación médica, mientras la ciencia, a pesar del escepticismo de muchos especialistas, investiga su influencia en el sistema inmunológico.

En la sala del Centro Actitudes que Sanan, sede local del Center for Attitudinal Healing de San Francisco (EE.UU.), irrumpe el silencio que pide el doctor Alberto Lóizaga al grupo que los jueves aprende la técnica en encuentros gratuitos. Es el proyecto "Dar alas a las ruedas del alma" para la integración de personas con discapacidades a través de la meditación.

Jóvenes y adultos se acomodan a gusto en confortables sillones o en sillas de ruedas. Algunos se descalzan. Todos cierran los ojos para concentrarse en la voz del doctor Lóizaga, que los guía. Los que quieren, sugiere, pueden repetir mentalmente, con cada inspiración y exhalación, un sonido que actúa como "calmante" para el cerebro.

Y esto se percibe físicamente. Las líneas de los rostros se suaviza. Las manos pierden de a poco la tensión inicial y se deslizan sin resistencia alguna. Sólo se oyen las respiraciones que, de pronto, logran un ritmo lento y único. En 45 minutos, todos logran "desintoxicar" mente y cuerpo del trajín diario.

Para la ciencia, la práctica de la meditación reduce el estrés y mejora el sistema inmune. En febrero último, los doctores Jon Kabat-Zinn, de la Universidad de Massachussets, y Richard Davidson, director del Laboratorio de Neurociencia de los Afectos de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, publicaron su hallazgo: la práctica regular de la meditación controla el estado de ánimo porque fortalece las neuronas de la corteza prefrontal izquierda e inhibe los mensajes de la amígdala cerebral, responsable de la sensación de miedo.

Muchos médicos recomiendan la técnica para prevenir o reducir los dolores de males como el sida y el cáncer y mitigar el desequilibrio que provocan la depresión, el estrés o los trastornos obsesivo-compulsivos como el desorden de déficit atencional con o sin hiperactividad.

"La meditación permite vaciar la mente de pensamientos", dice el doctor Lóizaga, médico clínico y psiquiatra que enseña la técnica desde hace 30 años, cuando debió superar un ataque de hipertensión por estrés laboral. "Era jefe de residentes del Hospital de Clínicas y debía decidir quiénes necesitaban riñón artificial o diálisis peritoneal -recuerda-. Me tomé la presión y supe que sufría de lo mismo que mis pacientes."

El cerebro, centro operativo

Estudios realizados con los instrumentos más sofisticados en centros científicos del Reino Unido, la India o los Estados Unidos indican que la meditación reduce la actividad eléctrica cerebral y aumenta las ondas alfa.

El doctor Gregg-Jacobs, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, halló que luego de los primeros 20 minutos de meditación las onda beta disminuyen. El lóbulo frontal, que procesa el razonamiento, la planificación y las emociones, y el lóbulo parietal, responsable de la orientación en tiempo y espacio, disminuyen su actividad, al igual que el tálamo, que envía la información sensorial al cerebro. La formación reticular, una red neuronal que transmite estímulos al cerebro, neutraliza sus señales de alerta.

"La persona accede a lo que se denomina un cuarto estado de conciencia, en el que percibe su entorno, pero no reacciona -explica Lóizaga-. Está demostrado que, en ese estado, se producen cambios biológicos con los que el organismo logra homeostasis." En los asmáticos, por ejemplo, ese desequilibrio dilata los bronquios y en los pacientes a punto de entrar en un quirófano mejora el ánimo y los resultados de la cirugía. "Cuando se libera la densidad psíquica se enfrenta cualquier situación -agrega-. O sea que el ánimo influye en la enfermedad."

Según la licenciada Alicia Souto, de la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad del Salvador (Usal), en la meditación disminuyen el ritmo cardíaco, la presión arterial y la demanda de oxígeno. Si la práctica es regular, el colesterol baja y las lipoproteínas de alta densidad aumentan, según un estudio que Souto codirigió en 1999 en el Centro de Investigaciones Endocrinológicas de la Universidad de La Plata y el Conicet.

En el trabajo "Práctica de yoga en personas con diabetes" hallaron que ciertas posturas, prácticas respiratorias y la meditación reducen la glucemia y la frecuencia cardíaca. "En el yoga no se considera posible la meditación sin un soporte psicofísico adecuado, ya que la condición del cuerpo influye en la calidad de la meditación", señala Souto, que divide su año entre la Tecnicatura Universitaria en Yoga de la Usal, la Universidad de Srinakarin, en Tailandia, y el Instituto de Investigación Científica de Lonavla, en la India.

Múltiples experiencias

Al finalizar la meditación en el salón del Centro de Actitudes que Sanan Lóizaga invita a todos a expresar sus sensaciones o dudas.

Luis Santillán, de 32 años, asegura que sintió que le tocaron el muslo de la pierna izquierda, pese a una cuadriplejía por un accidente automovilístico. "Como la meditación agudiza la percepción, surge la sensibilidad propioceptiva, que es la memoria que una persona tiene de sus miembros -explica Lóizaga, más tarde, a La Nación-. Por eso Luis "recordó" esa sensación."

El licenciado Ciro Gabriel Avruj, en su silla de ruedas a la izquierda de Luis, retruca: "Yo no fui", y todos ríen. Con ellos, la pintora Pilar Benítez Velloso, con agenesia de extremidades, y Martín Veros, de 24 años, que quedó parapléjico tras la operación de un tumor de médula ósea, meditan para mejorar la calidad de vida.

La meditación sumada a la medicina tradicional es parte de la denominada medicina integrativa. Para la Asociación Americana de Medicina Integrativa, "ambas pueden trabajar juntas para lograr soluciones más seguras, rápidas y efectivas con menor costo" para el paciente y el sistema de salud.

- - -

Newsweek (Traducción: Diego Echeverry Garrido.)

¿La oración puede curar?

Algunos científicos creen que hay cada vez más evidencia de que mantener la espiritualidad separada de la práctica clínica es irresponsable.

Una tarde de sábado, Ming He, una estudiante de medicina en Dallas, se encontró con un moribundo en el Hospital VA. El hombre, un judío ortodoxo que padecía de un extraño cáncer, estaba conectado a un tanque de oxígeno; a duras penas podía respirar. No había amigos ni familiares a su lado. Cuando la joven estudiante entró a su cuarto, el hombre la miró y dijo, "Ahora que estoy muriendo, me doy cuenta de que realmente nunca aprendí a vivir".

Ming He, de 26 años, no supo cómo responder: "Pensé, Dios mío, el capellán no trabaja los fines de semana. ¿Qué hago?". Ella sostuvo la mano del hombre en silencio por unos minutos; dos días más tarde, murió. Y tan pronto como pudo, se inscribió en el curso de 'Espiritualidad y Medicina' en la Facultad de Medicina Southwestern de la Universidad de Texas, un curso que enseña a los estudiantes a hablarles a los pacientes sobre la fe y la enfermedad.

Más de la mitad de las facultades de medicina de EE.UU. ofrecen estos cursos -hace una década sólo lo hacían tres- principalmente porque los pacientes están exigiendo más cuidado espiritual. De acuerdo con una encuesta de Newsweek, el 72 por ciento de los estadounidenses dice que agradecería una conversación acerca de la fe con sus médicos; el mismo número dice creer que la oración a Dios puede curar a alguien aun cuando la ciencia diga que no tiene posibilidades.

En Beliefnet, una popular página de Internet frecuentada por personas de distintas religiones, las tres cuartas partes de más de 35.000 cadenas de oración en línea están relacionadas con la salud: seres queridos de los enfermos y también desconocidos pueden unirse y enviar oraciones a través del éter electrónico, esperando curar cánceres, enfermedades crónicas y adicciones.

Lo que sucede en la mente

Prácticas populares como éstas, así como la creciente creencia entre la comunidad médica de que lo que sucede en la mente de las personas (y, posiblemente, en el alma) puede ser tan importante para la salud como aquello que sucede a nivel celular, están llevando a los médicos a acogerse al Dios que desterraron de la práctica clínica en favor de los progresos científicos.

"Ha habido un tremendo cambio en la imparcialidad de las profesiones médicas hacia estos temas", dice Andrew Newberg, un neurólogo de la Universidad de Pennsylvania que está estudiando los efectos biológicos de la meditación y la oración sobre el cerebro.

La medicina moderna, claro está, todavía necesita ser comprobada científicamente por encima de la evidencia anecdótica. En la década pasada, los investigadores han hecho cientos de estudios, para tratar de medir científicamente los efectos de la fe y la espiritualidad en la salud.

Mientras que los resultados de la investigación han sido variados, los estudios inevitablemente se encuentran con la dificultad de utilizar métodos científicos para contestar lo que son, esencialmente, preguntas existenciales: ¿Puede la oración de una persona ser más fuerte y efectiva que la de otra? ¿Podríamos ignorar que las personas que asisten a misa tienden a fumar menos y gozan de mejor salud?

El debate

Para quienes critican la posibilidad de que exista una conexión entre la salud y la religión, éste es el problema. En 1999, Richard Sloan, profesor de la Universidad de Columbia y opositor de dicho pensamiento, escribió un artículo en la revista The Lancet atacando los estudios sobre la fe y la curación, por lo débil de sus metodologías y la simpleza de su pensamiento. Junto con un segundo artículo publicado un año más tarde en The New England Journal of Medicine, estos ataques encendieron campañas en la prensa académica y dividieron a los médicos.

Como Sloan, algunos científicos creen que la religión no tiene lugar en la medicina y que orientar a los pacientes hacia las prácticas espirituales puede hacer más daño que bien. Otros, como Harold Koenig de la Universidad de Duke, pionero en la investigación sobre la fe y la medicina, creen que hay cada vez más evidencia que muestra los efectos positivos de la religión en la salud y que mantener la espiritualidad separada de la práctica clínica es irresponsable.

Para aclarar la confusión causada por la información, el Instituto Nacional de Salud autorizó, a comienzos de este año, la publicación de una serie de artículos en los que científicos intentaron evaluar el estado de la investigación sobre la fe y la salud.

Lynda H. Powell, epidemióloga del Centro Médico de la Universidad de Rush en Chicago, revisó alrededor de 150 artículos, desechando docenas de ellos por errores. En un sentido, sus hallazgos no fueron sorprendentes: mientras que la fe consuela en tiempos de enfermedad, no detiene el crecimiento del cáncer o acelera la recuperación de enfermedades agudas. Un aspecto, sin embargo, la sorprendió grandemente. Las personas que asisten frecuentemente a la iglesia, presentan un 25 por ciento menos de mortalidad que las personas que no lo hacen.

Haciendo un esfuerzo por entender las diferencias entre la salud de los creyentes y los no creyentes, los científicos están empezando a analizar los componentes individuales de la experiencia religiosa. Utilizando un escáner cerebral, los investigadores han descubierto que la meditación puede cambiar la actividad cerebral y mejorar la respuesta inmunológica; otros estudios han mostrado que puede reducir el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, los cuales reducen la respuesta del cuerpo al estrés.

Aun cosas intangibles, como el impacto del perdón, pueden mejorar la salud también. En un estudio de 1.500 personas publicado este año, Neal Krause, investigador de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan, encontró que las personas que perdonan fácilmente tienden a disfrutar mayor bienestar psicológico y tienen menos depresión que aquellos que guardan rencores. "El no perdonar nos carcome", dice el Herbert Benson, director del Instituto Médico de Mente-Cuerpo.

Vale orar

El tema de investigación más controvertido es tal vez el de la utilización de la oración para obtener salud. En la encuesta de Newsweek, el 84 por ciento de los estadounidenses dijo que orar por otros puede tener un efecto positivo en su recuperación, y el 74 por ciento dijo que puede ser verdad aun cuando no conozcan al paciente.

¿Pero qué dice la ciencia?

En una reunión del Colegio Americano de Cardiología, Mitchell Krucoff, investigador de la Universidad de Duke, mostró datos preliminares de una prueba nacional de 750 pacientes que iban a ser sometidos a cateterismo cardíaco o angioplastia. Un grupo de pacientes por los cuales se oró no tuvo mejores resultados que un segundo grupo que recibió la atención de rutina o un tercero, al que se le proporcionó un programa especial de música, masajes terapéuticos y visualización dirigida.

Pero hubo un hallazgo curioso: un cuarto grupo "turbo cargado", que recibió, tanto las oraciones como el programa de música, presentó una tasa de mortalidad 30 por ciento menor que la de los otros grupos.

- - -

Respecto a la confianza que puede tenerse en el pensamiento; la naturaleza del alma pensante y la meditación. Rudolf Steiner.

Durante la conciencia de vigilia, el pensamiento humano es como una isla en medio de la corriente de la vida del alma, que fluye en forma de impresiones, sensaciones, sentimientos, etc. Hemos, hasta cierto punto, terminado con una impresión o sensación cuando nos hemos formado una idea con respecto a la misma, esto es, cuando hemos dado forma a un pensamiento que arroja luz sobre esa impresión o sensación. Aun en medio de una tormenta de pasión o emoción, puede existir cierto grado de calma, si el barco anímico se ha abierto camino hacia la isla del pensamiento.

El alma tiene una confianza natural en su pensamiento. Siente que si no pudiera tener esta confianza, toda su estabilidad en la vida se derrumbaría. La vida sana del alma termina en cuanto empieza a dudar del pensamiento. Porque aún cuando no logremos llegar a una clara comprensión mediante el pensamiento, tenemos por lo menos el consuelo de que obtendríamos la claridad necesaria si sólo lográramos pensar con la agudeza y fuerza suficientes. Podemos reafirmarnos nosotros mismos, respecto a nuestra propia capacidad para aclarar las cosas pensando; pero es intolerable la idea de que el pensamiento mismo no podría satisfacernos, aún si penetráramos suficientemente en sus dominios como fuera necesario para obtener plena luz sobre alguna situación definida de la vida. Esta actitud del alma con respecto al pensamiento, late tras todo esfuerzo humano en busca del Conocimiento. Podría a veces estar amortiguada en ciertos estados anímicos, pero siempre se la encuentra sobre los vagos sentimientos del alma. El pensador que duda del valor y del poder del pensamiento mismo, se engaña a sí mismo con respecto al estado fundamental de su alma. Porque, frecuentemente, la agudeza de su propio pensamiento sobre excitado, es la que realmente crea las dudas y perplejidades. Si no tuviera confianza en el pensamiento no sería atormentado por esas dudas que, después de todo, no son más que el resultado del pensamiento mismo.

El que desarrolle en sí mismo el sentimiento aquí indicado respecto al pensamiento, sentirá, que este último, no es meramente algo que está cultivando en sí mismo como una fuerza humana del alma, sino también algo que, completamente independiente de sí mismo, contiene dentro de sí a algún Ser de naturaleza cósmica, un Ser hacia el cual debe abrirse camino, si es que desea vivir en algo que pertenezca a la vez a él mismo y al mundo que es independiente de él.

Existe un algo profundamente calmante en la capacidad de entregarse uno mismo a la vida del pensamiento. El alma siente que en esa vida puede escapar de sí misma. Este sentimiento es tan necesario al alma, como su opuesto de poder retraerse completamente dentro de sí misma.

En el cambio necesario entre dos estados o condiciones, reside el ritmo saludable de la vida anímica. La vigilia y el sueño son realmente el extremo de estos dos estados. Durante la vigilia, el alma está en sí misma, viviendo su propia vida; durante el sueño se pierde a sí misma en la vida universal del mundo, y está, hasta cierto punto, liberada de sí misma. Las condiciones en cada dirección corresponden a las varias experiencias internas. Y la vida del pensamiento es una liberación del alma de sí misma, así como el sentimiento, la sensación, la vida emocional, etc., son la expresión del alma que permanece dentro de sí misma.

Contemplando de esta manera, el pensamiento ofrece al alma el consuelo que necesita cuando se encuentra cara a cara con el sentimiento de absoluta soledad en el mundo. Es posible llegar en debida forma al sentimiento siguiente: "¿Qué soy yo en la corriente de acontecimientos universales y cósmicos, que fluye de un infinito al otro, con mis sentimientos, deseos y voluntad, que seguramente sólo pueden ser de importancia para mí?".

En cuanto la vida del pensamiento ha sido debidamente realizada, esta pensamiento se ve confrontado por otro: "El pensamiento relativo a estos acontecimientos cósmicos me arrastra a mí y a mi alma dentro de él; y yo vivo en ellos cuando yo, mediante el pensamiento, dejo que su ser fluya en mí". Entonces es posible sentirse llevado por el universo y sentirse seguro en él. Y, de este estado anímico, resulta una fuerza que se siente como si viniera de los poderes cósmicos mismos, de acuerdo con sabias leyes.

No es más que otro paso surgido del sentimiento en el que el alma se dice a sí misma: "No soy sólo yo quien piensa, sino que algo piensa en mí; la vida cósmica se expresa en mi; mi alma es sólo el escenario en el universo que se manifiesta como pensamiento".

Este sentimiento podrá ser repudiado por esta o aquella filosofía. Por varias razones podrá parecer que el pensamiento que acaba de expresarse, del mundo que se piensa a sí mismo en el alma humana, es completamente erróneo. En contestación debemos simplemente limitarnos a afirmar que este pensamiento puede ser demostrado por medio de la experiencia interna. Y sólo el que ha procedido así puede comprender plenamente su valor y saber que no hay refutación alguna que pueda hacer vacilar su certeza. El que así lo ha comprobado ve, en ese pensamiento mismo, con meridiana claridad, el valor que las tales pruebas y refutaciones pueden tener realmente. Podrán parecer infalibles cuando uno cree erróneamente todavía en el poder convincente de su contenido. En este caso es difícil llegar a una inteligencia con las personas que consideren esas pruebas como concluyentes. Están obligadas a creer en que otro está equivocado, sencillamente porque no han realizado en sí mismas el necesario trabajo interno que las haya llevado al reconocimiento de lo que puede parecerles erróneo, o quizás absurdo.

Para el que desea encontrar su camino hacia la ciencia espiritual, las meditaciones de la índole de las precedentes son beneficiosas. Para esa persona se trata de poner a su alma en una condición tal que tenga acceso al mundo espiritual. Ese acceso puede serle negado al pensamiento más claro y hasta al método científico más perfecto, si el alma no lleva consigo algo con que ir al encuentro de los hechos espirituales, o la información acerca de ellos pronta a imprimirse en ella.. Puede ser una buena preparación para la aprehensión del conocimiento espiritual, el haber sentido frecuentemente la fuerza vigorizadora que existe en la actitud del alma que dice: "Me siento una en pensamiento con la corriente de sucesos cósmicos". En este caso, se trata menos de una cuestión del valor abstracto de este pensamiento como conocimiento, que la de haber sentido a menudo en nuestra alma el efecto poderoso que se experimenta cuando ese pensamiento fluye con fuerza a través de la vida interior y circula como un aliento de oxígeno espiritual en el alma. No solamente se trata de reconocer lo que haya en un pensamiento de esta clase, sino de experimentarlo. Se reconoce el pensamiento una vez que se ha hecho presente en el alma con suficiente poder de convicción; pero tiene que madurar y fructificar; lo que promoverá la comprensión del mundo espiritual, de sus seres y hechos y, después de haber sido comprendido, debe hacérselo vivir en el alma una y otra vez. El alma debe llenarse una y otra vez con este pensamiento, no permitiendo la entrada a ningún otro, y echando de sí todo sentimiento, recuerdos, etc. La concentración repetida de esta clase sobre un pensamiento así, concentra fuerzas en el alma que, en la vida ordinaria, se disiparían hasta cierto punto. El alma concentra y vigoriza estas fuerzas dentro de sí misma, y se convierten en los órganos perceptivos del mundo espiritual y de sus verdades.

La forma correcta de meditar puede aprenderse de lo que ya se ha expuesto. En primer lugar, nos abrimos camino hacia un pensamiento que puede realizarse con los medios que tenemos a mano en la vida y conocimiento ordinarios. Entonces nos sumergimos en ese pensamiento una y otra vez y nos unificamos completamente con él. El fortalecimiento del alma es el resultado de vivir con un pensamiento que ha sido así reconocido. En esta caso el pensamiento mencionado fue elegido como un ejemplo, derivado de la naturaleza misma del pensamiento. Y fue elegido como ejemplo porque es especialmente fructífero para la meditación. Pero lo que aquí se ha dicho respecto a la meditación es cierto para todo pensamiento que haya sido adquirido en la forma descrita. Es especialmente fructífero para la meditación cuando reconocemos el estado anímico que resulta de la oscilación rítmica, ya mencionada, de la vida del alma. Por ese medio llegamos en forma segura a la sensación de haber estado en contacto directo con el mundo espiritual durante nuestra meditación. Este sentimiento es el resultado sano de la meditación. La fuerza del mismo debe dar fortaleza al resto de nuestra vida diaria, no en tal forma que sea una impresión presente del estado meditativo, sino de manera que uno sienta que de esa experiencia sigue fluyendo energía en toda nuestra vida.

Si el estado creado por la meditación se extiende a nuestra vida diaria, como una impresión permanente, difundiría algo que perturbaría la facilidad mental de esa vida. Y el estado de meditación mismo no sería entonces suficientemente puro y fuerte. La meditación da el mejor resultado cuando, debido a su propio carácter, se la mantiene aparte de la vida ordinaria. Influencia la vida en la mejor forma posible cuando se la siente como algo completamente distinto y por encima de la vida ordinaria.

Ejercicios de meditación y concentración

En lo que sigue, las condiciones que deben ser la base de cualquier desarrollo oculto que se proponga. Que nadie se imagine que puede hacer progreso alguno por cualquier medida aplicada a la vida externa o interna a menos que satisfaga estas condiciones. Todos los ejercicios de meditación, concentración, o ejercicios de otras clases, no son válidos y, de hecho son, en cierto aspecto realmente dañinos, si la vida no se regula de acuerdo con estas condiciones. Ninguna fuerza se puede impartir realmente a un ser humano; todo lo que puede hacerse es traer al desarrollo las fuerzas de las que él ya dispone. No se desenvuelven según su particular acuerdo, debido a que obstáculos externos e internos lo impiden. Los obstáculos externos se aminoran por medio de las siguientes reglas de vida; los obstáculos internos por las instrucciones especiales referentes la meditación, la concentración, y a los similares.

La primera condición es el cultivo de un pensar absolutamente claro. Para este propósito el hombre debe abandonarse a la vida del pensamiento, aunque sea solamente por un tiempo muy corto durante el día - cerca de cinco minutos (cuanto más largo, mejor). Él debe convertirse en el regulador de este mundo pensante. Él no es el regulador si las circunstancias externas, la ocupación, una cierta tradición, los lazos sociales, incluso la calidad de miembro de una raza determinada, el ajetreo diario de la vida, ciertas actividades y así sucesivamente, determinan un pensamiento y cómo este actúa. Por lo tanto durante este breve tiempo, actuando enteramente dentro de la propia libre voluntad, debe vaciar el alma del curso ordinario, diario de pensamientos y por su propia iniciativa colocar un solo pensamiento en el centro de su alma. El pensamiento no necesita ser uno determinado o interesante. Será de hecho el mejor para lo que tiene que ser logrado, en un aspecto oculto, si se elige un pensamiento a conciencia sin interés e insignificante. El pensar entonces se impulsa para actuar fuera de su propia esfera (la cosa esencial aquí), mientras que un pensamiento interesante se lleva al pensar consigo. Es mejor si este ejercicio en el control del pensamiento se emprende con un alfiler antes que con Napoleón. El discípulo se dice a sí mismo: "Ahora parto de este pensamiento, y con mi propia iniciativa interna asocio a él todo lo que sea pertinente a ella". Al final del lapso el pensamiento debe ser tan colorido y vívido como lo era al principio. Este ejercicio se repite día a día hasta por lo menos, un mes; un nuevo pensamiento se puede escoger cada día, o el mismo pensamiento se puede utilizar por varios días. Al final del ejercicio se hace un esfuerzo para llegar a ser completamente consciente de esa sensación interna de firmeza y seguridad que pronto será notada prestando una atención más sutil a la propia alma; el ejercicio es, entonces, llevado a su conclusión enfocando el pensamiento sobre la cabeza y el centro de la espina dorsal (cerebro y médula espinal), como si la sensación de seguridad fuera vertida en esta parte del cuerpo.

Cuando este ejercicio se ha practicado alrededor de, por ejemplo, un mes, un segundo requisito debe ser agregado. Intentamos pensar en una cierta acción que en el curso ordinario de la vida no sea un deber a realizar ciertamente. Entonces la convertimos en un deber a realizar cada día. Por lo tanto, será bueno elegir una acción que se pueda realizar cada día y que ocupe tanto tiempo como sea posible. Es otra vez mejor comenzar con una cierta acción insignificante que tengamos que forzarnos a realizar; por ejemplo, regar a una hora fija cada día una flor que hemos comprado. Después de cierto tiempo un segundo acto similar se debe agregar al primero; más adelante, un tercero, etcétera, tantos como sean posibles para poder realizar el resto de los deberes en forma compatible. Este ejercicio, también, dura un mes. Pero tanto como sea posible durante este segundo mes, también, el primer ejercicio debe continuar, aunque es un deber menos supremo que en el primer mes. Sin embargo no debe ser desatendido, de otra forma se notará rápidamente que los frutos del primer mes están perdidos y el desaliño del pensamiento incontrolado comienza otra vez. Debe tenerse cuidado, ya que una vez que se hayan ganado estos frutos, ya nunca serán perdidos. Si, con el segundo ejercicio, esta iniciativa de la acción se ha alcanzado, después, con sutil atención, nos hacemos conscientes de la sensación de un impulso interno de la actividad en el alma; vertemos esta sensación en el cuerpo, dejándola fluir abajo de la cabeza a un punto justo sobre el corazón.

En el tercer mes, la vida se debe centrar en un nuevo ejercicio el desarrollo de cierta ecuanimidad hacia las fluctuaciones de la alegría y la angustia, placer y dolor; las "cumbres del júbilo" y las "honduras de la desesperación" se deben substituir en forma absolutamente consciente por un humor regular. Se tiene cuidado de que ningún placer nos llevará lejos, que ningún dolor nos hunda en las profundidades, que ninguna experiencia nos conduzca a la cólera inmoderada o enojo, que ninguna expectativa de lugar a ansiedad o miedo, que ninguna situación nos desconcierte, etcétera. No se debe temer que tal ejercicio hará la vida árida e improductiva; más adelante se notará rápidamente que las experiencias a las cuales se aplica este ejercicio son substituidas por cualidades más puras del alma. Sobre todo, si se mantiene una sutil atención, un día una tranquilidad interna llega a percibirse en el cuerpo; como en los dos casos anteriores, vertemos esta sensación en el cuerpo, dejándola fluir desde el corazón, hacia las manos, los pies y, finalmente, la cabeza. Esto no se puede hacer naturalmente después de cada ejercicio, porque aquí no es una cuestión de un solo ejercicio sino de una atención sostenida hacia la vida interna del alma. Una vez al día, por lo menos, esta tranquilidad interna debe ser convocada ante el alma y entonces el ejercicio de verterla desde el corazón debe proceder. Una conexión con los ejercicios del primer y segundo mes se mantiene, como en el segundo mes con el ejercicio del primer mes.

En el cuarto mes, como nuevo ejercicio, que es a veces llamado una actitud positiva respecto a la vida, debe ser cultivado. Consiste en buscar siempre el lado bueno, loable, hermoso y los similares, en todos los seres, todas las experiencias, todas las cosas. Esta cualidad del alma es mejor caracterizada por una leyenda persa referente a Cristo Jesús. Un día, mientras Él caminaba con sus discípulos, vieron un perro que yacía muerto por el borde del camino en estado de descomposición avanzada. Todos los discípulos se alejaron de la repugnante escena; Cristo Jesús quedándose solo no se movió y, mirando cuidadosamente el cadáver, dijo: "Qué hermosos dientes tiene el animal!". Donde los otros habían visto solamente lo repulsivo, desagradable, Él buscó lo hermoso. Debe el discípulo esotérico esforzarse en buscar el lado positivo en cada fenómeno y en cada ser. Pronto notará que bajo el velo de algo repugnante hay una belleza oculta, que aún bajo la apariencia externa de un criminal existe en forma oculta algo bueno, que, bajo la máscara de un loco, el alma divina, de alguna manera, se esconde.

En cierto aspecto, este ejercicio está conectado con lo que se llama "abstención de la crítica". Esto no debe ser entendido en el sentido de llamar negro a lo blanco y blanco a lo negro. Existe, sin embargo, una diferencia entre un juicio que, procediendo simplemente de la propia personalidad, se colorea con un elemento de la simpatía o antipatía personal, y una actitud que entra cariñosamente en el fenómeno ajeno o ser, siempre preguntándose: ¿Cómo ha llegado esto a ser o actuar así? Tal actitud, por su misma naturaleza, se fijará más en ayudar a lo que es imperfecto que simplemente encontrar el defecto y criticar. La objeción de que las mismas circunstancias de la vida obligan a mucha gente a buscar el defecto y a condenarlo, es inválida aquí. Para tales casos las circunstancias son tales que la persona en cuestión no puede pasar por un genuino entrenamiento oculto. Hay, de hecho, muchas circunstancias en la vida que hacen imposible, más allá de cierto punto, la enseñanza oculta. En tal caso la persona no debe desear impacientemente y, a pesar de todo, hacer progresos que son posibles solamente bajo ciertas condiciones.

El que vuelca conscientemente su mente, durante un mes, al aspecto positivo de todas sus experiencias notará gradualmente un sentimiento, arrastrándose en él, como si su piel llegara a ser porosa en todas partes, y como si su alma se abriera de par en par a toda clase de procesos secretos y delicados en su entorno que habían escapado hasta ahora enteramente a su percepción.
Lo importante aquí es combatir una falta muy frecuente de atención a estas sutilezas. Si se ha notado una vez que la sensación descrita se expresa en el alma como una especie de dicha, se deben hacer esfuerzos en pensamiento para dirigir esta sensación al corazón y de allí dejarlo fluir en los ojos y, por lo tanto, hacia fuera en el espacio delante y alrededor de sí. Se notará que un íntimo lazo con este espacio circundante, de tal modo, se ha adquirido. El hombre crece hacia afuera y más allá de sí. Él aprende a mirar una parte de su entorno como algo que le pertenece. Mucha concentración es necesaria para este ejercicio, y, sobre todo, el reconocimiento del hecho de que todas las sensaciones tumultuosas, todas las pasiones, todas las emociones exuberantes tienen un efecto absolutamente destructivo sobre el humor indicado. Los ejercicios de los primeros meses se repiten, como en los meses anteriores.

En el quinto mes, los esfuerzos se deben hacer para desarrollar la sensación de enfrentar cada nueva experiencia con absoluta imparcialidad. El discípulo esotérico debe aunarse enteramente con la actitud que, enfrente de algo recién oído o visto, exclama: "Yo nunca oí eso", o "Yo nunca vi eso antes"; "No lo creo, es una ilusión". En cada momento, él debe estar presto a encontrar y aceptar experiencias absolutamente nuevas. Lo que él haya reconocido, hasta ahora, como de acuerdo con las leyes naturales, o lo que él ha considerado como posible, no debe presentar ningún obstáculo a la aceptación de una nueva verdad. Aunque radicalmente manifiesto, es absolutamente correcto que si cualquier persona viniera al discípulo esotérico y dice, "Desde ayer por la noche la cúpula de tal o cual iglesia se ha inclinado sobre la derecha", el esotérico debe dejar una posibilidad abierta a un eventual convencimiento de que su conocimiento anterior de las leyes naturales podría verse aumentado de alguna manera por un hecho, al parecer, sin precedente.
Si el discípulo vuelca su atención, en el quinto mes, a desarrollar esta actitud de la mente, él notará un sentimiento que se arrastra en su alma como si algo se hiciera vivo en el espacio referido en conexión con el ejercicio para el cuarto mes. Esta sensación es excesivamente delicada y sutil. Los esfuerzos se deben hacer para estar atentos a esta delicada vibración en el entorno y dejarla fluir, tal como está, con los cinco sentidos, especialmente a través de los ojos, los oídos y a través de la piel, hasta que por último se tenga la sensación de calor. En la etapa actual del desarrollo esotérico, menos atención se presta a las impresiones hechas por estos estímulos en los otros sentidos del gusto, olfato y tacto. Todavía no es, en esta etapa, posible distinguir las numerosas malas influencias que se mezclan con las buenas influencias de esta esfera; el discípulo, por lo tanto, deja esto para una fase posterior.

En el sexto mes, los esfuerzos se deben hacer para repetir todos los cinco ejercicios otra vez, sistemáticamente y en la alternancia regular. De esta manera se desarrolla gradualmente un hermoso equilibrio del alma. Se notará, especialmente, que desaparecen totalmente los descontentos anteriores con ciertos fenómenos y seres del mundo. Un humor que reconcilia todas las experiencias toma posesión del alma, un humor que no es de ninguna manera indiferencia pero que, al contrario, nos permite por primera vez trabajar en el mundo para su genuino progreso y mejoramiento. Uno llega a una tranquila comprensión de las cosas que antes estaban absolutamente veladas para el alma. Los muchos movimientos y gestos de una persona cambian bajo influencia de tales ejercicios, y si, un día, él puede observar realmente que el carácter de su escritura se ha alterado, entonces puede decirse que él está a punto de alcanzar un primer logro en el camino ascendente.

De nuevo, dos cosas deben ser forzadas. En primer lugar, los seis ejercicios descritos paralizan la dañina influencia que otros ejercicios ocultos puedan tener, de modo que solo lo beneficioso queda. En segundo lugar, estos ejercicios solo garantizan de que los esfuerzos en la meditación y concentración tendrán un resultado positivo. El esotérico no debe contentarse con satisfacer, al menos conscientemente, las demandas de la moralidad convencional, porque esa clase de moralidad puede ser extremadamente egoísta si un hombre dice: "Seré bueno porque debo ser bien intencionado". El esotérico no hace lo que es bueno porque desea ser bien intencionado, sino porque poco a poco él reconoce que sólo el bien impulsa la evolución adelante, y que el mal, la estupidez y lo feo ponen obstáculos a lo largo de su camino.

Los días de la semana

El discípulo debe prestar cuidadosa atención a ciertas actividades en la vida del alma que de la manera ordinaria son llevadas a cabo negligente y desatentamente. Existen ocho tales actividades.

Es naturalmente lo mejor emprender solo un ejercicio a la vez, durante una semana o una quincena, por ejemplo; luego, el segundo, etcétera, y comenzar otra vez. Mientras tanto, lo mejor es que el octavo ejercicio sea realizado cada día. Entonces, el verdadero conocimiento de sí mismo se alcanza gradualmente y cualquier progreso hecho se percibe. Más tarde, comenzando el Sábado, un ejercicio que dura por cerca de cinco minutos se puede quizás agregar más adelante diariamente al octavo de modo que el ejercicio relevante caiga de vez en cuando el mismo día. Así: Sábado - Pensamientos; Domingo - Resoluciones; Lunes - El hablar; Martes - Acciones; Miércoles - Comportamiento, etcétera.

SÁBADO

Prestar atención a las propias ideas. Tener solamente pensamientos significativos. Aprender poco a poco a separar, en los pensamientos, lo esencial de lo no esencial, lo eterno de lo transitorio, la verdad de la mera opinión.

Al escuchar la charla de sus semejantes, tratará de callar totalmente su interior, absteniéndose de todo asentimiento, y aún más, de todos los juicios desfavorables (crítica, rechazo), aún en sus propios pensamientos y emociones.

Esto puede ser llamado: LA OPINION CORRECTA.

DOMINGO

Determinarse en la más insignificante materia solamente después de una deliberación completamente razonada. Todo comportamiento impensado, todas las acciones sin sentido deben mantenerse alejadas del alma. Uno debe haber ponderado siempre bien las razones para todo y abstenerse definitivamente de hacer cualquier cosa para la cual no haya una razón significativa.

Una vez que uno se convenza de la exactitud de una decisión, debemos atenernos, rápidamente y con firmeza interior, a ella.

Esto puede ser llamado: EL JUCIO CORRECTO, que es formado independientemente de simpatías y antipatías.

LUNES

Sólo lo que tiene sentido y significado debe venir de los labios de alguien que se esfuerza por un desarrollo más elevado. Todo el hablar por hablar, para matar el tiempo, es, en este sentido, dañino.

La conversación ordinaria, una mezcolanza carente de observaciones, debe ser evitada. Esto no significa aislarse a sí mismo de la relación con los semejantes; es precisamente entonces que la charla debe conducirse gradualmente a la significación. Uno adopta una actitud pensativa en cada discurso y responde tomando en cuenta todos los aspectos. Nunca hablar sin causa, ser alegremente silencioso; tratar de no hablar demasiado o demasiado poco. Primero, escuchar tranquilamente; entonces, reparar en lo que se ha dicho.

Este ejercicio puede ser llamado: LA PALABRA CORRECTA.

MARTES.

Las acciones externas no deben ser molestas para nuestros semejantes. Donde un motivo llama al discípulo a la acción, fuera de su ser interno, deliberará cuidadosamente cómo se puede responder lo mejor posible a tal motivo para el bien del todo, la felicidad duradera del hombre, lo eterno.

Donde uno hace cosas según su propio acuerdo, según su propia iniciativa: se debe considerar, de antemano, lo más a conciencia posible el efecto de las acciones.

Se llama esto: LA ACCION CORRECTA.

MIERCOLES

El ordenamiento de la vid; es decir, vivir en armonía con la Naturaleza y el Espíritu. No hundirse por las trivialidades externas de la vida. Evitar todo lo que trae malestar y agitación en la vida. No apresurarse en nada, pero tampoco ser indolente. Mirar la vida como un medio para trabajar hacia un desarrollo más elevado y comportarse según esto.

Se habla en este aspecto del PUNTO DE VISTA CORRECTO.

JUEVES

El esfuerzo humano debe considerarse en el sentido de no realizar nada que esté más allá de las propias capacidades, pero tampoco dejar nada sin hacer que esté dentro de ellas.

Mirar más allá de lo cotidiano, lo momentáneo, y fijarse objetivos e ideales en conexión con los deberes más altos del ser humano. Por ejemplo, en el sentido de los ejercicios prescritos, intentar desarrollarse de modo que luego se pueda ayudar y aconsejar tanto más a los semejantes, aunque quizás no en el futuro inmediato.

Esto se puede resumir como: DEJAR QUE TODOS LOS EJERCICIOS PRECEDENTES SE CONVIERTAN EN HÁBITO.

VIERNES

Esforzarse en aprender de la vida tanto como sea posible. Nada pasa ante nosotros sin darnos la ocasión de ganar experiencias útiles para la vida. Si uno ha hecho algo incorrecto o imperfecto, esto se convierte en motivo para hacerlo, más adelante, en forma más correcta o perfecta. Si uno ve a otros haciendo algo, se los observa con ese propósito en mente (aunque no fría o despiadadamente). Y, luego, no hacer nada sin mirar de nuevo a las pasadas experiencias que puedan ser de ayuda en las decisiones y logros. Uno puede aprender de todos, incluso de los niños si se es atento.

Este ejercicio se llama: LA CORRECTA MEMORIA, recordando lo que se ha aprendido por experiencia.

RESUMEN

Volcar la mirada fijamente hacia adentro de vez en cuando, aunque sea solamente por cinco minutos al día. Uno debe sumergirse en sí mismo; cuidadosamente darse consejos, probar y formar sus propios principios de vida, basándose en el autoconocimiento que se tenga, o en la falta de éste, considerar los deberes, pensar acerca del contenido y verdadero propósito de la vida, sentir genuino dolor por los propios errores e imperfecciones. En una palabra, trabajar para descubrir lo esencial, lo duradero y fijarse seriamente metas de acuerdo con ello; por ejemplo, las virtudes que se adquirirán. (No caer en el error de pensar que uno ha hecho algo bien, sino esforzarse siempre con miras a mayores logros en el futuro).

Se llama este ejercicio: "la examinación correcta".

Meditaciones para gente ocupada

Cuándo: En la noche - Duración: 10 minutos

Primer paso: Inhala y repite...

Suavemente, con mucha lentitud, permite que tus pulmones se llenen completamente, y al hacerlo, repítete a ti mismo lo que quieres traer a tu vida, por ejemplo, "voy a experimentar la meditación".

Segundo paso: Aguanta la respiración y repite...

Cuando tus pulmones estén completamente llenos, aguanta la respiración por un momento y repite: "voy a experimentar la meditación". Puede que te pongas nervioso, sentirás que quieres exhalar, pero, aguantando aún la respiración, repite: "voy a experimentar la meditación".

Tercer paso: Exhala y repite...

Ahora, empieza a exhalar lentamente, repitiendo otra vez: "Voy a experimentar la meditación". Continúa exhalando hasta que sientas que estás vacío, y repite: "Voy a experimentar la meditación".

Cuarto paso: Vacío, repite...

Ahora, mientras te sientes completamente vacío, retén este vacío, no inhales, y repite: ?Voy a experimentar la meditación?, tan frecuentemente como puedas.

Quinto paso: Inhala...

Ahora empieza a inhalar lentamente. Cada inhalación y cada exhalación forman una serie.

Sexto paso: Descansa

Cuando hayas hecho esto cinco veces, endereza la espalda, respira despacio, siéntate en silencio con el cuerpo suelto y relajado y los ojos cerrados durante cinco minutos. "Experimentaré el silencio, experimentaré la meditación. Tengo la determinación de que voy a experimentar la meditación". Permite que todo tu ser asuma ese voto de entrar en la meditación. Permite que ello resuene en todo tu ser. Esto tendría que alcanzar el nivel más profundo de tu conciencia.

Durante este período de descanso, la resolución que has tomado se asentará más profundamente dentro de ti. Repite la resolución cinco veces. Luego, sentado e inmóvil, observa tu respiración durante cinco minutos, respirando lentamente.

Cuando te vayas a la cama, repite este ejercicio entre cinco y siete veces, lo suficiente como para que lo sientas cómodo.Duérmete luego pensando: "Estaré en silencio; éste es mi propósito". Cuando llega el sueño, este pensamiento está contigo. Apaga entonces la luz.

Si exhalas completamente, si dejas de inhalar, ¿qué sucede? Si exhalo completamente y, luego, me cierro la nariz y no inhalo, ¿qué sucederá? ¿No luchará todo mi ser por inhalar en unos instantes? ¿No va a gritar cada poro de mi cuerpo y los millones de células pidiendo aire? Cuanto más intente aguantar la respiración, más profundamente se extenderá el anhelo de tener aire en mi mente inconsciente. Cuanto más aguante mi respiración, más aire va a ser pedido por la parte más interior de mi ser. Ya no será más una simple intención; el nivel más externo no va a ser el único afectado; ahora se ha convertido en un asunto de vida o muerte. Ahora los niveles más profundos, los niveles subterráneos van a pedir también aire.

En ese momento, cuando llegas a un estado en el que todo tu ser está pidiendo aire, tendrías que repetirte a ti mismo: "Voy a experimentar la meditación". Tu cuerpo pedirá aire y tu mente repetirá este pensamiento. Cuanto más fuerte sea la demanda de aire, más profundamente entrará tu decisión en tu interior. Si todo tu ser está luchando y tú repites esta frase, tu resolución se incrementa muchas veces. De esta forma alcanza tu mente inconsciente.

Cambiar tu estado de ánimo

"Los lóbulos de las orejas son puntos de acupuntura muy importantes, estrechamente relacionados con los recuerdos. Cuando se perfora el oído, la energía interna recibe un fuerte impacto. En realidad, perforar las orejas fue incluso un remedio muy conocido para cierto tipo de enfermedades mentales. La energía fluye más directamente al cerebro cuando se remueve una obstrucción intermedia. Fue un recurso muy significativo para reactivar el recuerdo."

Osho dice que perforar las orejas a los niños se ha convertido en una costumbre en India, después de un período en el que hubo una mortalidad infantil muy elevada, pues se descubrió que los que tenían las orejas perforadas tenían una tendencia a sobrevivir, porque "se produce un cambio fundamental en la energía vital como resultado de la perforación."

Cuándo: Cuando te sientas triste, preocupado, desanimado o enojado.

Primer paso: De oreja a oreja

Perfórate las orejas (perdona, no es más que un chiste!

"Sujeta los lóbulos de las orejas y frótalos con fuerza. Encontrarás un cambio en tu estado de ánimo."

Meditación nocturna

Sólo quédate solo, en silencio, observando la oscuridad. Fúndete con la oscuridad, desaparece en ella. Mira las estrellas; siente su lejanía, el silencio, el vacío, y utiliza la noche para tu meditación. Siéntate en la cama sin hacer nada, simplemente sintiendo. Mucha gente es totalmente inconsciente de la belleza de la noche y la noche es tremendamente hermosa. Es la hora adecuada para meditar.

En la psicología del Yoga dividimos la conciencia humana en cuatro niveles.

  1. el primer nivel es el llamado estado de vigilia de la conciencia, el día de la conciencia.
  2. el segundo nivel la conciencia del sueño. Estás dormido, pero los sueños discurren en procesión. La mente se encuentra en un atasco.
  3. el tercer nivel es el llamado sueño, cuando los sueños cesan.
  4. el cuarto nivel es simplemente llamado "el cuarto", pero es el más cercano al sueño. Es igual que el sueño, pero con una sola diferencia: uno es consciente mientras se encuentra en él. Cuando duermes eres totalmente inconsciente. En el samadhi, en el cuarto estado, te encuentras absolutamente en silencio, y no obstante, eres consciente.

Por esta última razón, en el pasado, se ha utilizado la noche como meditación. El día es demasiado ajetreado; la noche es muy espiritual. Empieza pues a utilizar más y más la noche. Poco a poco irás sintonizando absolutamente con la noche. Lentamente, el mundo se duerme, todo se detiene, el tránsito se detiene, deja de haber ruidos, el mundo diario desaparece. La gente, con su inconsciencia, sus actitudes criminales, ha desaparecido en el sueño. La atmósfera está absolutamente limpia, no hay una sola nota discordante. Empieza pues a disfrutar de la belleza de la noche y acostúmbrate más y más a la noche.